Carolina Escobar Sarti: Las ideas se mueven

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En teoría, la derecha y la izquierda política existen. Pero solo una persona ermitaña o un grupo de personas perdidas en la Conchinchina podrían vivir al pie de la letra los preceptos de una u otra ideología. Hoy, ya no es posible definir higiénicamente qué es derecha y qué es izquierda en el contexto de la práctica política. El mundo actual pide una revolución en el mundo de las ideas, que acabe con la partición de izquierda y derecha políticas, marcada a partir de la Revolución Francesa. Hoy, la pregunta a lo mejor ya no es si somos de derecha o de izquierda, sino si esos modelos son política y éticamente viables en el marco de las actuales relaciones de poder.

Quien pretenda cortar con bisturí la frontera que separa la izquierda de la derecha, tendrá al final en las manos algo que parecerá más la gráfica de un movimiento sísmico. Es cierto… el mundo de las ideas está más allá del bien y del mal, y en teoría la izquierda y la derecha están vigentes, pero la práctica es otra cosa porque las acciones políticas se inscriben en contextos muy concretos de tensiones constantes y relaciones cada vez más complejas. Si aun así insistimos en demarcaciones higiénicas sobre la izquierda y la derecha, habremos de reconocer también que hay derechas e izquierdas —así, en plural— y que no se puede leer la historia de hoy desde las variables de la Guerra Fría.

Hoy, las izquierdas y las derechas son categorías insuficientes para explicar a un Obama, a un Mujica, a una Bachelet o a un Lula. Quizás ahora conviene más analizar cómo se relacionan entre sí los actores políticos de distintos partidos. En el Congreso de Guatemala, por ejemplo, entre todos los partidos han secuestrado la paleta de colores y, sin embargo, puede verse cuán monocromático es el tablero político cuando se toman las grandes decisiones. Claro que las izquierdas están prácticamente desdibujadas, lo cual hace que se escuche un sonido casi uniforme en la “casa del pueblo”. En todo caso, en las esferas del poder mucho se pacta con el diablo, porque para tener poder hay que jugar bajo las reglas del statu quo imperante.

Hay gente que esté donde esté logra sostenerse sobre la decencia y la rectitud, eso traspasa las ideologías. Pero cuando se trata de la acción política, ya no podemos meter todo en dos cajones. Para algunos, todavía en Guatemala, decir derecha es decir pro gringo, rico, antiderechos humanos, explotador, pro armas y Ejército, entre otros. Decir izquierda, es decir antigringo y pro Cuba o Venezuela, pobre, revoltoso, antidesarrollo, pacifista, ateo y utópico. En cualquier caso, “los otros” son siempre los extremistas.

Los partidos políticos podrán autonombrarse de derecha o de izquierda, pero observando de cerca, hay signos comunes entre todos ellos que van desde el populismo, el clientelismo, el poder del aparato, el mantenimiento del statu quo, hasta las dinastías mafiosas, los cacicazgos y la corrupción. Toca a las sociedades del mundo decir que ya no alcanzan solo dos manos, la izquierda y la derecha, para erradicar la miseria, el hambre, la guerra y la violencia de hoy. Para eso necesitamos millones de manos unidas, no dos ideas separándolas. A lo mejor, lo que ya no necesitamos es a la clase política.

cescobarsarti@gmail.com

Un comentario

  • 1 ene 2016 | Permalink | Responder

    Esos modelos no solo no son políticamente inviables sino son fundamentalmente éticamente injustos, científicamente vacíos y económicamente dañinos. El modelo de la izquierda fue el Proletariado y su dictadura, que nunca llego y el modelo de la derecha fue el Mercado y su dictadura que si llego. Ahora que estoy en Estados Unidos, y el otro largo tiempo de estancia en este país, me hace ver todas características de izquierda que tiene este país. Por ejemplo, en el pueblo donde estoy, East Lansing, todos los parqueos, inclusive los de los hoteles y restaurantes, todos, son un bien común y manejados por la City. Las tarifas se construyen como si fueran un bien público. Y así podría hacerse una larga lista de características de la izquierda dentro de un país de derecha. Por otro lado, en Cuba las personas requieren obedecer de forma dogmática normas tan autoritarias que solo deberían aparecer en los sistemas de derecha extrema. El invento de explicar algo desde el marco de que soy de izquierda o de derecha solo sirve para atrincherarse y justificar, no explicar, menos cambiar, porque las elites en ambos bandos están muy bien mientras exista el enemigo, que es el otro.

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