Juan Varela: La izquierda desaparecida

Por Juan Varela 

Juan Varela, periodista

Juan Varela, periodista

La crisis atrapa a la izquierda desarmada. Primero, por la falta de ideas y coraje de la izquierda institucional los últimos años, pero también porque ha sido incapaz de encontrar una alternativa al estado del bienestar cuando el margen y el poder del estado es mínimo.

La democracia tal como hoy se practica es sólo una forma de perpetuar el poder, como critica J.M. Coetzee. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a hacer sacrificios? y ¿quiénes somos nosotros, el corpus político, la sociedad de la teoría política clásica donde la solidaridad se manifiesta? No estoy seguro de que la respuesta esté en la política, como pide Josep Ramoneda desde hace tiempo. No en la actual, al menos.

El poder económico ha sido el amo del universo los últimos años y la política ha quedado maltrecha y deslegitimada. ¿Dónde están las ideas de futuro en los parlamentos y los gobiernos? Quizá la superación de la crisis -coyuntural y sistémica- pueda empezar a atisbarse con algunas proposiciones afirmativas:

1. Salvar la economía productiva, no el capitalismo.

2. Sustituir la globalización por un cosmopolitismo real (Ulrich Beck) donde el pensamiento y la acción global no se despegue de lo concreto y supere la posmodernidad.

3. El futuro es de todos: el cosmopolitismo existe en el ámbito internacional, en la inmigración, dentro de cada sociedad plural e interracial. El compromiso debe ser universal. Ni G-8, ni G-20. El bienestar es común, no nacional.

4. La sociedad de la información debe desarrollar nuevos sistemas y procesos abiertos y transparentes de participación política, económica y social más allá de la esclerosis de lo institucional.

5. Innovar es una necesidad para sostener el planeta y a la humanidad.

6. Menos partidismo e irresponsabilidad: necesitamos una política de lo concreto donde se entienda que la dignidad y la riqueza de una sociedad es igual a la del más desfavorecido de sus miembros.

7. Universo de ciudadanos, no de súbditos ni de votantes. Y mucho menos de masas.

 

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