La disidencia

Comprar «La izquierda reaccionaria», de Horacio Vázquez-Rial

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Considerar la disidencia una forma de enfermedad mental es una señal característica de cualquier régimen autoritario. El que se aparta de las ortodoxias en boga da lugar a que los demás murmuren para sí mismos «este tipo está loco». Horacio Vázquez-Rial fue tildado de muchas cosas por pensar de forma independiente; hombre, como señala Teresa Moreno Castillo, «de cambios; de vida, de casa, de ciudad, de familia, de juicios».

En el prólogo a la edición de 2011, Horacio comenta que cuando comenzó a escribir este libro se consideraba un hombre de izquierda.

«¿Qué significa esto? ¿de qué manera se es de izquierda si uno es honesto? Del mismo modo en que se es católico o budista: asumiendo por entero una larga tradición, que para el caso incluye los crímenes, las disidencias, las desviaciones, las recreaciones y hasta el modo de concebir la historia. Dicho de otro modo: la lucha de clases como motor de la historia, los veinte millones de muertos de José Stalin, la aprobación de los créditos de guerra de la socialdemocracia alemana para iniciar la Primera Guerra Mundial, el genocidio de Pol Pot… Todo eso era y es ser de izquierda, o todo eso hay que asumir, por pura dignidad, si se aspira a autodefinirse así. Verá el lector que en alguna parte de la obra reivindico para mi esa condición, la de hombre de izquierda a pesar de todo. Pero en realidad, el proceso mismo de la escritura, la exposición sistemática de las taras de la izquierda, me estaba apartando de ese espacio. Los lectores lo entendieron mejor que yo, tanto los que me siguieron como los que me condenaron. Había empezado a escribir en la izquierda y había terminado en otro sitio, que no era la derecha, ni el liberalismo tal como se había ejercido hasta la fecha. Como en toda catarsis salí transformado en algo desconocido, algo que yo mismo no podía nombrar».

Un comentario

  • Patxi F. Álvarez
    26 Dic 2013 | Permalink | Responder

    Comenzar un párrafo escribiendo ….»Dicho de otro modo: la lucha de clases como motor de la historia, los veinte millones de muertos de José Salin»…., con todos mis respetos al
    autor de «El Soldado de Porcelana» me parece, sorprendente aunque, quizás no lo sea. Un hombre de su inteligencia no puede caer, por casualidad, en la mezcla de conceptos filosóficos formulados en el siglo XIX, con experiencias práticas del siglo XX que solo los muy «forofos» (del signo que sean) pueden considerar en el mismo plano filosófico y/o ideológico porque, simple y llanamente, no lo están por mucho que los segundos no se puedan explicar sin los primeros. Un mal pianista imitador de Rubinstein no puede considerarse una consecuencia de la existencia y la obra de Rubinstein por mucho que el mal pianista lo cite y se reclame su continuador, por mucho que los medios de propaganda a su servicio nos quieran hacer creer lo mismo, por mucho que los «convencidos» por esa propaganda o cualquier otro motivo, aunque sean millones, lo canten al únisono. Ah! la partitura que interpreta puede haber sido escrita o comentada por el gran pianista y eso, desde luego, no puede servir de justificación o causa de que el mal pianista, lo sea.

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