Fernando Caro: Fukusima, 6 meses después

Por Fernando Caro

Parte II

En la vorágine informativa/desinformativa/deformativa, en la que los acontecimientos quedan irremisiblemente banalizados y apenas dejan huella duradera, el trazar unas breves pinceladas en torno a cualquiera de ellos, pasado un tiempo, será, seguramente, tarea estéril. Más, si cabe, tratándose de empeño de aficionado lejano, como es el caso. Pero la obstinación no es cosa fácil de doblegar y de ella surgen estas líneas.

Recordemos que el pasado mes de Marzo, un intenso movimiento sísmico (grado 9 en la escala Richter) desencadenó el tsunami que causo severísimos daños en la central nuclear de Fukusima, en las costas de Japón. Recordemos que a consecuencia de la interrupción del suministro eléctrico a la central, varios de sus reactores sufrieron procesos de fusión parcial, generando una gravísima situación de emergencia nuclear en la instalación y su perímetro inmediato. El siniestro fue calificado de nivel 7, el máximo en la escala de evaluación empleada al efecto por los organismos internacionales.

Afortunadamente, los peores vaticinios,  aquellos que auguraban el desastre de un nuevo Tchernobyl, parecen completamente desechados a presente.

Bajo mi punto de vista resulta aceptable sostener que los sistemas de seguridad en el diseño y en la operativa de Fukusima se comportaron razonablemente bien, pese a los innegables y gravísimos efectos del suceso. Es decir, si Fukusima establece el nivel general de seguridad ante sucesos naturales para las instalaciones nucleares occidentales, podemos considerar como más que aceptable la seguridad en tales instalaciones, a sabiendas de la imposibilidad de asegurar la ausencia total de riesgos.

Hago mención  a todo ello porque ya comenté algunos aspectos inmediatos de la decisión del gobierno de la Sra. Merkel al determinar el apagón nuclear en Alemania. Leo que, desde entonces, la popularidad de Dña. Ángela desciende apreciablemente.

Seguramente no solo por el apagón, que también, como trato de analizar, sino por otras circunstancias como puedan ser el asunto de la intervención aliada  en Libia* o sus posiciones en la crisis de la deuda que amenaza con engullir a buena parte de las economías europeas. A este respecto la inminente sentencia del tribunal constitucional alemán será determinante del transcurso de los acontecimientos, incluido el propio futuro político del gobierno Merkel.

[* País con una nada desdeñable bolsa de recursos energéticos, en forma de petróleo y gas natural, en el que las compañías Total-Fina-Elf y Repsol  están presentes… No deja de sorprender la inexistencia de una gran compañía petrolero/gasística alemana, al menos en lo que conozco. No es preciso destacar la proximidad de esta cuestión con el “apagón” aunque poco se haya hablado de ello]

Volviendo a lo nuclear. Dije que “Alemania puede renunciar a esa fuente (la nuclear) de energía teniendo una alternativa fiable y a precio competitivo: el gas del Mar del Norte y, sobre todo, ruso, parecen serlas.” También que “Francia no puede sumarse  a tal propuesta…”

De un mejor conocimiento de los fundamentos de la posición francesa puede surgir una evaluación más “fina” de las consecuencias de la iniciativa alemana y una mejor comprensión de la circunstancia del gobierno Merkel al día de hoy.

Esto son los grandes argumentos de Francia para mantener la producción de energía de origen nuclear. Se los resumo a partir de lo que puede leerse en la página del organismo nuclear francés.

1. Por las necesidades de energía a las que ha de hacer frente a medio plazo.

2. Por la eficacia de la energía nuclear en lo concerniente a emisiones de CO2.

3. Por la adopción de una estrategia de triple apuesta, para hacer frente al problema energético y la preservación del clima, poniendo en acción tres iniciativas: el ahorro energético, el desarrollo de las energías renovables, y el desarrollo de la energía nuclear. La razón es que, a la vista de las realidades técnicas, económicas y sociales del mundo contemporáneo, la supresión completa de la energía nuclear se muestra como imposible.

4. Por la abundancia de las reservas mundiales de uranio frente a los riesgos e inestabilidades que ofrecen otras fuentes combustibles, en particular el petróleo y el gas natural.

5. Por el aceptable balance, incluso favorable,  desde el punto de vista comparativo de la seguridad que ofrece la producción de energía nuclear frente a las otras grandes fuentes de producción de electricidad.

6. Por la confianza en la tecnología de gestión de residuos. Ya sean los generados por la producción eléctrica o en otras aplicaciones, el principio técnico que gobierna su gestión es el mismo: confinarlos de forma estable en estructuras estancas  y gestionar su almacenamiento a largo plazo con las mayores garantías posibles, aspecto este en el que la ingeniería francesa se halla en la vanguardia tecnológica.

7. Por el mantenimiento de la decisión política adoptada por Francia con ocasión de la crisis del  petróleo de los 70, de recurrir a lo nuclear para producir electricidad por sus propios medios, minimizando la dependencia de condicionantes externos.

8. Por el mantenimiento de una estructura productiva barata desde el punto de vista económico que permite a Francia considerables ahorros en su balanza de pagos exterior.

En conclusión, cabe pensar que el apagón nuclear del Gobierno Merkel ha sido una decisión política muy discutible, por mucha demagogia que se haga a su alrededor. Quizás un tanto atropellada. Radicalmente discutible a la vista de la enjundia de los argumentos franceses  expuestos,  y muy en particular en lo concerniente a la dependencia de condicionantes externos, factor clave en lo que es la esencia de la política de estado de toda gran nación. Y Alemania lo es.

Es posible que en la propia Alemania se haya percibido incluso como un error de gran calado. Error que junto a otros elementos añadidos, como los ya señalados, explica las incertidumbres políticas y pérdida de popularidad de la canciller alemana.

Ahora bien, no olvidemos los principios: es la visión de un aficionado.

Artículo anterior: Alemania. Europa, errores y política internacional

Recientemente el gobierno de la Sra. Merkel ha determinado un “apagón nuclear unilateral”. Yo lo traduzco del alemán así: ¿Europa? Europa se acabó.

Que el hombre lo es porque se equivoca, está fuera de toda duda. Que los errores afectan a todas sus facetas vitales, lo mismo. Que en el asunto de los “pepinos” alguien se ha equivocado en Alemania, ídem. A partir de aquí es posible que surjan los desacuerdos. Sobre todo en el “error” alemán.

Porque alguna relación atisbo en lo sucedido con tal asunto y con otro de mayor entidad, sustantivo, el “apagón nuclear unilateral” que acaba de adoptar Alemania. Trataré de explicarla.

Recientemente el gobierno de la Sra. Merkel ha decidido un “apagón nuclear unilateral”.

Yo lo traduzco así: ¿Europa? Europa se acabó.

Y así me parece. Porque Alemania puede renunciar a esa fuente de energía teniendo una alternativa fiable y a precio competitivo: el gas del Mar del Norte y, sobre todo, ruso, parecen serlas.

Pero lo dicho, que no deja de ser lo más inmediato, nos obliga a dirigir la vista a los “elementos colaterales” de la decisión.

Y por pura lógica política cabe pensar, al menos, en los que siguen:

–Doña Ángela elimina del debate electoral este elemento de contienda política: la oposición que busque otros;

–Doña Ángela pone a Francia en difícil situación –cosas de amigos–. “La derecha puede ser antinuclear” le ha dicho. Pero Francia no puede sumarse  a tal propuesta: para que el gas le llegue ha de atravesar Alemania… Y ¿cómo va a renunciar a su sofisticada tecnología nuclear, y lo que ello supone, para aventurarse por ciertos vericuetos? Imposible. Va de soi!, que diría Sarko por muy “abrumé” que se sienta…

–Doña Ángela, agotados ciertos mercados, estrecha, más aún si cabe, lazos comerciales con sus vecinos orientales reeditando un guión que bien pudiera llamarse “gas por bienes de equipo (¿e inversión?)”. En la medida en que se asienta en tales mercados desplaza a sus competidores: otro regalo al “gabacho” (Y Polonia sigue ahí, siempre entre dos mastodontes…)

–Doña Ángela ignora olímpicamente a los restantes socios de la UE. Pero, ¿de qué socios hablamos? ¿De los que están ya en el precipicio?; ¿de los que estando al borde se muestran decididos a dar un paso adelante? ¿Socio el UK, con un pie en cada orilla del océano?…

En este contexto es en el que surge y en el que hay que enjuiciar el episodio de los “pepinos”.

Pero antes recordaré ciertos antecedentes.

La Sra. Merkel, (y su gobierno, por ende), ya estaba muy antes al cabo de la calle de nuestra ruina, de nuestra situación económica y del desastre de las cuentas públicas españolas.

Parece pasado remoto, pero apenas hace siete meses que la “fracasada” Sra. Merkel se entrevistó con nuestro lamentable presidente de gobierno –LPG- (el 25 de noviembre de 2010, en el castillo de Meseberg (Brandeburgo)). Coincidió en el tiempo, más o menos, con la visita a Madrid de la subsecretaria del Departamento del Tesoro estadounidense para Asuntos Internacionales, Lael Brainard (el 02 de diciembre); con la iniciativa “Transforma España” de la Fundación Everis; con la reunión de ZP con los empresarios el 27 de Noviembre; con el episodio “controladores”; con el estado de alarma…

Tengo derecho a pensar, como lo hago, que entonces, desde varias cancillerías y otros frentes, se pudo instar la dimisión –ahora imposible- de nuestro LPG (de todos modos, si existió o han existido otras iniciativas similares, a la vista está su fracaso…).

Y ahora volvamos al episodio. Cabe considerar de su discurrir que:

–ha desplazado momentáneamente del debate político la capital cuestión del apagón nuclear;

–de facto, ha supuesto un mensaje inequívoco a España, en forma de carga de profundidad contra el campo español –quizás nuestro único sector económico fiable-, pudiendo así tratar de provocar la caída, de una vez por todas, del LPG.

“¿Su huerta?, ¡ya buscaremos otras, tan solo es sector primario…!”, nos ha dicho pero que muy clarito;

–a consecuencia del “error” en el tratamiento del episodio sume de nuevo a la UE en otra crisis. De mayor o menor calado, pero una más.

En ninguna de estas consideraciones capto o percibo perjuicio serio para “la locomotora”. Para los demás, que cada palo aguante su vela.

Por eso no hay dificultad alguna en admitir que alguien se ha equivocado en Alemania. El problema es que no sé ni quién ni en qué. Si pueden, ayúdenme por favor; se lo agradeceré.

Y es que uno, en su escepticismo y pese a su ignorancia de la historia, ya atisbaba la inconsistencia de esta Europa que se nos ofrece a la vista. Los hechos me corroboran tal percepción. Quien no se cuestione los rasgos de la Europa realmente existente será por que no quiera. Allá él.

Corolarios

1º: Europa, requiescat in pace.

2º: Para aquí y ahora, ¿nucleares o…?

3º: Salga el sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera.


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