Humberto Vadillo: La generación perdida del PSOE

Por Humberto Vadillo

«Si los sindicatos no fueran lobbies de liberados, estarían organizando ahora mismo una huelga general exigiendo la abolición del salario mínimo, que impide encontrar trabajo a los jóvenes menos cualificados».

El todavía presidente Zapatero tenía dos bonísimas razones para quedarse hoy en La Moncloa a tomar chocolate sin melindres con los sindicatos de trabajadores y empresarios. En primer lugar, en Oslo le esperaba la foto con Grecia e Irlanda. La foto de los PIGS jugando al dominó en la portada de todos los periódicos europeos no es, quizá, lo que más le apetezca a Zapatero en plena campaña electoral.

La segunda razón es que se cumple ahora un año desde el tijeretazo de Zapatero: el hachazo con el que Zapatero recortó a un tiempo sueldos de funcionarios y pensionistas, y las perspectivas electorales del PSOE y sus propios, ya tenues lazos con la realidad y la razón. Un año más tarde rodeado de bellacos y abandonado de los suyos organiza un café en la Moncloa que los propios sindicatos se apresuran a calificar de innecesario. Zapatero radiactivo.

Así que aprovechando que están todos juntos y no tienen mucho de qué hablar entre foto y foto, tal vez les interese comentar el aviso que ha dado hoy el FMI sobre la «generación perdida» que se gesta en España, donde uno de cada dos jóvenes entre 16 y 24 años no tiene empleo. A ellos hay que sumar quienes tienen un trabajo muy inferior a su capacitación y los 100.000 españoles que emigraron el año pasado.

Si los sindicatos no fueran lobbies de liberados, quizá estarían organizando ahora mismo una huelga general exigiendo la abolición del salario mínimo, que impide encontrar trabajo a los jóvenes menos cualificados o que los salarios quedaran ligados a la productividad.

Si la CEOE fuera algo distinto de un sindicato de empresarios acodado a la rebatiña de subvenciones públicas, quizá estaría exigiendo una reforma radical de la educación que volviera a primar el conocimiento y el mérito, devolviera la libertad de elección de centro a los padres y restaurara la autoridad del profesorado.

Si el PSOE defendiera los intereses generales y no su supervivencia electoral y la de su ejército de reserva (sindicatos, titiriteros y jueces gallináceos) más allá de las elecciones, habría eliminado la negociación colectiva, abolido la clausula de «sindicato más representativo» y retirado las subvenciones públicas a sindicatos tanto de trabajadores como de empresarios.

Y como nada de eso va a suceder, los jóvenes españoles están abocados al paro, la emigración y el subempleo y, al otro lado de la brecha demográfica, una gran parte de mayores de cincuenta a no volver a trabajar nunca.

Cortesía del socialismo.

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